Monumentos de La Habana: El Cristo sobre la bahía

Monumentos de La Habana: El Cristo sobre la bahía
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La Habana, ciudad antigua de la América colonial, exhibe una gran cantidad de esculturas, monumentos históricos y valiosos que ha acumulado durante siglos y son dignos de admiración. En la entrada por mar a la capital cubana, en gesto de bendición y bienvenida, una gran estatua recibe al visitante y protege a toda la ciudad. Se trata del Cristo de La Habana, la mayor escultura del mundo realizada en mármol blanco de Carrara por una mujer. Desde 1958, un Cristo diferente y único se yergue en la margen este de la bahía, vigilante y predicador silencioso.

¿Qué distingue al Cristo de La Habana?

¿Qué distingue al Cristo de La Habana?

Es un Cristo particular; sus brazos no están abiertos como el tan famoso del Corcovado, que corona al Pan de Azúcar de Río de Janeiro, en Brasil; no los tiene abiertos tampoco como el de Lubango, en Angola o el de Lisboa, en Portugal. En la capital cubana, un Cristo erguido lleva su mano izquierda cerca del pecho mientras levanta la otra, como glorificando la ciudad que contempla a sus pies.

Jilma Madera, su autora, decidió prescindir de modelos para la obra y se apegó a su propio ideal de belleza masculina. Como resultado, obtuvo un Cristo de ojos oblicuos, labios gruesos, en sintonía con el mestizaje racial de esa tierra caribeña, que rompe con los cánones establecidos, pero a la vez fue el principal motivo que la llevó a ser la ganadora del concurso convocado para tener a Jesús en La Habana.

Un concurso popular, una ganadora

Un concurso popular, una ganadora

Según se cuenta, el Cristo fue erigido en cumplimiento a una promesa que realizara en 1957 la entonces Primera Dama de la República, Martha Fernández Miranda, esposa del presidente Fulgencio Batita. Se lanza entonces a convocatoria el concurso “El Cristo de La Habana”, con el objetivo de erigir una imagen sagrada e imponente que pudiera ser divisada desde cualquier punto de la ciudad. Se recaudaron 200 mil pesos para financiar la ejecución del proyecto ganador.

Cristo de La Habana

Jilma Madera, que aún era muy joven, presentó su boceto, triunfó y después de largas discusiones en las que le pedían que la obra fuese más alta que el Cristo Redentor de Río de Janeiro, fue aceptada su propuesta de alzarlo hasta los 20 metros de altura. Realizó un modelo en yeso y partió con él a Toscana, Italia, específicamente hacia las canteras de Carrara.

Del proyecto a la obra

Cristo de La Habana, del proyecto a la obra

Hicieron falta 600 toneladas de mármol blanco y casi dos años de intenso trabajo para que Jilma concluyera su obra, conformada por 67 piezas que debían ser imbricadas en el interior para formar 12 estratos horizontales. Antes de embarcar hacia Cuba, el Papa Pío XII bendijo al Cristo de La Habana, que partió para ser ubicado definitivamente en su sitio privilegiado de la colina de la Cabaña, con una elevación total de 51 metros sobre el nivel del mar.

El Cristo, impresionante monumento que guarda la ciudad de La Habana

En septiembre de 1958, 17 hombres y una grúa, dirigidos personalmente por la artista, comenzaron el montaje de la obra. Tres meses después, el 25 de diciembre de 1958, sería inaugurado el majestuoso monumento de 320 toneladas, con la presencia del mandatario Fulgencio Batista. Se cumplía así la promesa de la Primera Dama; sin embargo, pocos días después hubo cambio de gobierno.

Al otro lado del mar

La Habana, al otro lado del mar

El Cristo forma parte del conjunto arquitectónico que cuida y embellece la entrada al Puerto de La Habana, antiguo Puerto de Carenas que fuese descubierto entre 1508 y 1509 por el explorador español Sebastián de Ocampo. Se halla en el poblado de Casablanca, en la costa este de la bahía, custodiado por la fortaleza de San Carlos de la Cabaña y el Castillo de los Tres Reyes del Morro. Por ello es posible combinar en una sola visita el recorrido por estos magníficos y singulares escenarios de la capital antillana.

Vista espectacular de La Habana desde El Cristo

Para llegar al conjunto arquitectónico podemos ir hasta el poblado de Casablanca, en el municipio Regla, atravesar la bahía en la célebre Lanchita de Regla, desde el muelle de la Avenida del Puerto y después subir una empinada escalinata, o sencillamente atravesar el túnel de la bahía hacia la zona de las fortalezas. Cerca de allí también se encuentra el Instituto de Meteorología. Como premio, un monumento magnífico, sui géneris, y una vista espectacular de La Habana.

Los pies y los ojos del Cristo de La Habana

Los ojos del Cristo de La Habana

Hay varios elementos que distinguen al Cristo de Jilma, además de la postura de sus brazos y los rasgos faciales. Uno de ellos, es la expresión de la mirada. A decisión de la autora, la figura tiene los ojos vacíos, para que siempre dé la impresión de que mira a todas partes por igual. También resaltan los pies. Se dice que la propia Jilma tomó los suyos como ejemplo. Es por este motivo que, en vez de un calzado representativo de la antigüedad, lleva unas sandalias modernas como estratagema para hacer más terrenal al Cristo de su inspiración.

La obra de Jilma en las alturas

Los pies del Cristo de La Habana

Jilma Madera, artífice del Cristo de La Habana, también fue la autora del busto del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, que se halla colocado en la cima del Pico Turquino, punto más alto de la Isla, ubicado en la oriental Sierra Maestra.

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Río de Janeiro, en Brasil, tiene su Cristo Redentor; tienen el suyo Lisboa, en Portugal, Lubango, en Angola y otras ciudades del planeta. La Habana posee uno muy particular que bendice desde las alturas a la ciudad a sus pies, a su bahía y sus habitantes.

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